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Archive for 30 julio 2010

El origen (Inception). La realidad es una idea

La fantasía y la realidad se pierden en los laberintos de la mente. Los sueños y la vigilia nos permiten construir una realidad personal, intima, insostenible, psicótica, alejada del abismo de la otredad. Las ideas son la base de la construcción de una realidad que nos define y nos destruye en una batalla infinita. Solo el sueño es real.

El origen (Inception, 2010) no solo es la última película de Christopher Nolan, es la culminación de un proyecto artístico, de un camino estético que busca la perfección a través del desarrollo y la concatenación de la acción.

La extracción de información a través de la manipulación de los sueños es la especialidad de la pareja compuesta por Cobb (Leonardo di Caprio) y Arthur (Joseph Gordon Levitt). Cobb no puede volver a los Estados Unidos para ver a sus hijos debido a su participación en un crimen que involucra a su esposa. La vida de fugitivo y su peligrosa trayectoria profesional le impulsan a llevar sus actividades ilegales a un punto de no retorno junto a su socio en cada operación.

Saito (Ken Watanabe) es un empresario poseedor de un imperio energético amenazado por la competencia de Maurice Fisher (Pete Postlethwaite) y su hijo Robert (Cilliam Murphy).  Ante la inminente muerte de Maurice, Saito le ofrece a Cobb la anulación de todos los cargos en su contra a cambio de la implantación de un concepto, the inception, en la mente de Robert para que este decida disolver el imperio construido por el padre.

Para construir el mundo sobre el que el sueño se va a desarrollar Cobb busca a Miles (Michael Caine), su mentor, para que le ayude a encontrar un arquitecto. En una de las tantas alusiones de Nolan al mundo del arte (enfoque de una pintura de Francis Bacon) y de la cultura, Ariadne (Ellen Page), una de las alumnas más brillantes de Miles, es la elegida para diseñar el laberinto sobre el que navegarán en la mente del joven Fisher.

En la mente nada es lo que parece y el subconsciente de todos los que entran en el origen de una idea se confunden en una orgía de sensaciones, recuerdos, imágenes y fantasías donde la distinción entre realidad y sueño es una cuestión de percepción. Las defensas de la mente de Robert Fisher, el mundo construido para implantar la idea y el pasado de Cobb se encuentran en un choque mental que ninguno puede controlar.

La música de Hans Zimmer se apodera de la película y trabaja junto a la acción en escenas abrumadoras al borde de la pérdida del control. Los personajes intentan controlar las variables de los juegos mentales pero la improvisación va ganando terreno a medida que el subconsciente hace pedazos la planificación.

Un guión aterrador que trabaja en los límites de la incomprensión se funde con la vertiginosidad de la acción sin descuidar la imagen en escenas preparadas por un alquimista en la búsqueda de la piedra filosofal. Cada elemento de esta obra maestra se convierte en una formula equilibrada que a la menor equivocación pueda estallar sin previo aviso.

Todo se desmorona en el limbo de nuestra fantasía. La introducción de la sorpresa, el asombro y lo inesperado es la base de nuestro mundo en una mezcla que comprende el contacto físico, mental y discursivo con los otros. Este anclaje a la realidad nos permite enfrentar el abismo de la nada y desarrollar una sociedad rompiendo la monada psíquica. El origen es el comienzo de la ilusión de la percepción, donde la realidad navega por las aguas turbulentas de la fantasía frente a la imaginación y la tecnología.

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Eclipse. El crepúsculo de los ídolos

La saga de Crepúsculo se construye como un camino por las depresiones del fin de la adolescencia y sus bruscos cambios bajo el manto de las leyendas del vampirismo y los licántropos generando una mitología propia capaz de atraer la atención del público juvenil.

Eclipse (Eclipse, 2010), la última de las entregas de la saga de Crepúsculo fue dirigida por David Slade (Hard Candy 2005; 30 days at night, 2007) es la que cierra el círculo lunar de este periplo adolescente y le permite a Bella Swan (Kristen Stewart) proyectar su futuro sobre la base de sus propias decisiones.

Atrapada entre el amor del vampiro Edward (Robert Pattinson) y el licántropo Jake (Taylor Lautner) los sentimientos de Bella se confunden mientras un ejército de vampiros recién convertidos se apresta a una batalla territorial. El clan de vampiros Cullen, al que pertenece Edward, se alía con los hombres lobo al enterarse que el ejército vampiro es una estratagema de Victoria, una antigua enemiga del clan, para vengar la muerte de su novio a manos de Edward asesinando a la novia de este, Bella.

La dirección de Slade es impecable, destacándose principalmente en las escenas de acción. La adaptación de Melissa Rosenberg de la novela de Stephenie Meyer nuevamente es precisa y fiel en al tono conservador de la historia a través del respeto a la autoridad y a los valores de la castidad y las tradiciones.

Las anécdotas de las conversiones de los miembros del clan Cullen en vampiros y las historias tradicionales de los indígenas licántropos, a pesar de lo trillado y insulso de la propuesta argumental, aparecen como datos de color gracias a la maestría de Slade que rescata el film del sinsentido amoroso y el melodrama adolescente de los films anteriores de la saga.

Es para destacar la mediocridad de la metáfora política acerca de la comunión de los licántropos indígenas con la naturaleza y de la relación del hombre blanco europeo destructor con los vampiros. El espíritu guerrero indígena contra la delicadeza de la cultura occidental se da un encuentro lamentable como medio de sostener por dos horas la propuesta.

A pesar de poseer un ritmo más acelerado que Crepúsculo y Luna Nueva, Eclipse nunca logra escapar de la carencia de ideas y la falta de profundidad que recorren todo el guión. La posibilidad de la elección del destino propio a partir de la graduación y el enigma de la transformación de Bella en vampiro es solo una pantalla para estirar la duración del film en una serie de interminables monólogos que no conducen a nada y solo confirman que la única razón para mirar la película son las pequeñas atribuciones que el director se tomó en este encargo industrial para un público acrítico.

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