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Archive for 22 marzo 2010

Las hierbas salvajes. La nueva ola ataca de nuevo

Hubo una época en la cual el cine europeo competía a nivel intelectual con Hollywood levantando la bandera de una percepción cinematográfica diferente y una mirada artística de la vida y sus conflictos que implicaba técnicas de edición y filmación opuestas al canón.

Las hierbas salvajes (Les Herbes Folles, 2009), la última película de Alain Resnais, uno de los principales exponentes de la nouvelle vague (nueva ola), proyecta una comedia romántica basada en una relación sentimental adulta fuera de los convencionalismos de las historias de amor hollywoodenses. El guión de Alex Reval es una adaptación de la novela homónima de Christian Gailly.

La historia se inicia con una serie de casualidades que se desencadenan a partir de pequeños detalles que conducen a Marguerite (Sabine Ázema), hasta el centro de París, donde le es arrebatada su cartera por un ratero. Georges (André Dussollier), encuentra la billetera de Marguerite en el estacionamiento de un conocido shopping del centro de París y se obsesiona con devolverla.

El violento pasado de Georges y la afirmación de su masculinidad a partir de la promiscuidad y la misoginia unida a un romanticismo fuera de moda y la excentricidad del comportamiento de Marguerite condenan a la pareja a una serie de desencuentros que conducen a la angustia que nos remite a la soledad y la dificultad de entablar relaciones no alienadas por las convenciones amorosas.

Las cuestiones de clase se mezclan con los estilos de vida en una atracción que envuelve en la maleza lo modernista con lo kitsch en un recorrido por la vida parisina y sus suburbios. El choque de los polos opuestos y la parodia explicita del cine norteamericano y sus historias de amor no logran construir una apuesta diferente desde lo estético, atrincherando a la película en la originalidad de los diálogos y las reflexiones en voz en off respetando el registro literario que caracteriza al director.

Las técnicas de la nouvelle vague y del cine intelectual francés pueden llenar páginas y páginas de la historia del cine pero su estilo provocador sucumbió con la propia provocación debido al destino intrínseco de las vanguardias estéticas. Los cambios duraderos son producto del trabajo constante que recupera las rupturas donde son resistentes más allá de la inmediatez de sus pretensiones retóricas.

Las hierbas salvajes es un producto tardío de las vanguardias cinematográficas que todavía conservan su ideal de contar historias desde el punto vista del cine de autor. En las marcas de la búsqueda de la originalidad de Resnais y en la solidez de las actuaciones podemos encontrar los puntos fuertes de la película mientras que en la insistencia por diferenciarse del cine clásico norteamericano la historia pierde su fuerza para dar paso a juegos referenciales ajenos a la trama que extienden las escenas sin sentido y atentan contra la coherencia del film.

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Hermanos. Una mirada sobre el progresismo

Las secuelas de la guerra y las causas y consecuencias de la misma en una sociedad que necesita justificar y reflexionar sobre sus experiencias traumáticas explotan como una bomba en las instituciones que sostienen los lazos más íntimos.

Hermanos (Brothers, 2009) es un film acerca de los efectos de la guerra de Afganistán sobre una familia de militares. La película fue dirigida por Jim Sheridan (In the Name of the Father, 1993) y escrita por David Benioff (X-Men. Origins. Wolverine, 2009).

Sam Cahill (Tobey Maguire) es un capitán del ejército de los Estados Unidos que intenta ayudar a su hermano Tommy (Jacob Gyllenhaal), quien tiene una tendencia a encontrar problemas que lo aproximan a las cárceles. La esposa de Sam, Grace (Natalie Portman) y su padre ex militar, Hank (Sam Shepard) piensan que Tommy es un caso perdido, pero el capitán Cahill está en desacuerdo y lo ayudará a alejarse de los problemas.

Tommy cambia su actitud y se aferra a la familia cuando el helicóptero de Sam es derribado en el desierto afgano y dado por muerto por el Ejército. La organización familiar se desmorona al perder su cabeza y comienza a transitar un camino de cambios que llevarán a los protagonistas a una reconciliación y a descubrir la fragilidad de la felicidad y los prejuicios acerca de lo que no coincide con los ideales preestablecidos mientras Sam intenta escapar de sus captores.

El tono aleccionador y los estereotipos del guión no permiten que la película despegue y explore en todas sus dimensiones las heridas psíquicas causadas por las guerras norteamericanas en el entorno familiar de su país.

La intención de construir una historia que se cierre en sí misma pero que a su vez represente el arquetipo de conflicto familiar producto de los traumas debidos a conflictos bélicos se descompone en su propia previsibilidad. La historia pierde intensidad a medida que transcurre la película y las buenas actuaciones no logran levantar el interés de una trama que amaga despegar y decepciona con su propuesta poco novedosa y sus ideas sacadas del manual del sentido común progresista.

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La isla siniestra. Las voces del pasado nos siguen atormentando

La capacidad para lo siniestro y la violencia convierte a nuestras alucinaciones y pesadillas en sueños de los que a veces no se puede o debe despertar para poder continuar viviendo una vida digna de ser vivida.

La isla siniestra (Shutter Island, 2010) es una adaptación de la novela homónima de Dannis Lehare (Río Místico, 2003) dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo Di Caprio, Mark Ruffalo. Ben Kingsley y Max von Sydow y esta ambientada en una isla de la Bahía de Boston en 1954.

Tras una densa neblina surge el barco que transporta a los U.S. Marshals Teddy Daniels y Chuck Aule, quienes han sido asignados para investigar la desaparición de Rachel Solando (Emily Mortimer y Patricia Clarkson), una interna del Hospital mental Ashecliffe situado en una de las islas de la Bahía de Boston. El hospital está regido por el Dr. Cawley (Ben Kingstey), un hombre de ideas heterodoxas y experimentales acerca de la psiquiatría.

El pasado del oficial Daniels emerge en una serie de sueños alucinatorios que convergen en una conspiración del Gobierno norteamericano para ocultar los experimentos neuropsiquiátricos realizados por los doctores. De a poco la realidad se desvanece en una historia que se esfuma como el débil fuego de las cerillas que mantienen la única luz de sanidad dentro de la isla. El puente entre la cordura y la insania se rompe a través de la barbarie.

La brutalidad de la humanidad emerge desde lo más profundo del inconsciente a partir de arquetipos como los campos de concentración nazis, los procedimientos quirúrgicos realizados por psiquiatras y la experimentación con psicofármacos. El pasado de la psiquiatría y sus excesos en la búsqueda del conocimiento son llevados hasta el extremo de sus consecuencias hasta desmoronar todos los cimientos de la ciencia, la razón y el progreso.

La síntesis entre el mundo visual y el mundo sonoro funciona como una sinfonía escalofriante a cargo de Bernard Herrmann y su colaborador Robbie Robertson (The Band). Las piezas de este rompecabezas se desmoronan a partir de una música que nos envuelve en un clima de terror a partir del temor a nuestra propia naturaleza humana. Nuestra herencia, nuestra cultura y toda nuestra civilización está construida sobre nuestros miedos y pesadillas y el resultado es la barbarie debajo de la alfombra de la historia. La respuesta a todo está en el faro que ya no ilumina nuestro futuro.

Jabberwocky (Lewis Carroll)

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
‘Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!’
He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought–
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.
And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!
One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.
‘And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!’
He chortled in his joy.
‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
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Alicia en el país de las maravillas. Espejos vacíos

La fantasía en el cine siempre está en el borde de la incongruencia y la simpleza revistiendo de ingenuidad en muchos casos aquello que exige solidez y madurez narrativa.

Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010), la última película de Tim Burton, se desmorona en todos los pilares de la narración debido al agotamiento de la técnica intrínseca de la idiosincrasia del director y de la debilidad de un guión que no logra complejizar el relato. La obra es una adaptación libre que mezcla varias obras de Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas, Alicia a través del espejo y Jabberwocky.

Alicia (Mia Wasikowska) es ya una jovencita curiosa y moderna en una sociedad inglesa tradicional que no es conocida por premiar el atrevimiento femenino. En el momento en que Alicia recibe una proposición de casamiento con el hijo exageradamente desagradable de una prominente familia Alicia ve un conejo con chaleco que le pide que lo siga hasta el agujero por donde años antes ella había caído.

El retorno al país de las maravillas es sombrío ya que el lugar está regido por la Reina roja (Helena Bonham Carter) que le ha quitado la corona a su hermana, la Reina blanca (Anne Hathaway) y ejerce el poder de forma arbitraria y brutal. Los habitantes de Wonderland conducen a Alicia hasta la presencia del líder de la rebelión, El sombrerero loco (Johnny Depp). Cuando el sombrerero es capturado por la Reina roja, Alicia va en su ayuda para salvarlo y comenzar a transitar el camino que la convierta en una guerrera para combatir y matar al Jabberwocky (un monstruo basado en un poema de Lewis Carroll del mismo nombre).

La insipidez del relato por un lado y la innecesaridad narrativa y el exiguo aprovechamiento de la tecnología 3D por otro provocan que Alicia en el país de las maravillas desaproveche las posibilidades de la saga escrita por Lewis Carroll hace casi 150 años solo prestando atención a un público pre adolescente.

La capacidad de articular de forma creativa la realidad y la fantasía en la construcción de una estética personal que había convertido a Tim Burton en un artesano de la imaginación cinematográfica está ausente en esta versión adaptada por Linda Woolverton (El rey león, 1994, la bella y la bestia, 1991) para los estudios Disney. La sosería de esta versión adecuada a la visión anticuada de la niñez y la juventud de Disney se impone por sobre la visión de Tim Burton engendrando escenas visualmente espectaculares pero sin madurez narrativa. No solo de tecnología 3D vive el hombre.

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El padre de mis hijos. La tragedia del idealismo

La independencia artística y comercial y la búsqueda de un ideal estético son valores difíciles de sostener en un marco de competencia de mercado basada en un capitalismo globalizado.

El padre de mis hijos (Le père de mes enfants, 2009) es un drama de Mia Hansen-Løve sobre los retos de la quiebra comercial y el desafío que implica aceptar el fracaso y seguir luchando a pesar de la tragedia.

Grégoire Canvel (Louis-Do de Lencquesang) es a primera vista un exitoso hombre de negocios francés, tierno con sus tres hijas, buen esposo, tiene una vida burguesa perfecta, pero está obsesionado por su trabajo al punto de no abandonar en ninguna situación cotidiana su celular que siempre está sonando debido a las necesidades de algún cliente o colega. Con esta cara de la construcción estereotipada de un pequeño empresario exitoso comienza este film que de a poco desenvuelve en todas sus dimensiones los contrastes de la vida del protagonista.

Todo parece casi perfecto pero la vida que Grégoire construyó se está derrumbando. La productora de cine que él fundó y de la cual es el director, Moon Films, está al borde de la quiebra y no puede continuar financiando Saturno, una película sueca sumamente costosa dirigida por un director conflictivo y megalómano  que no lo deja en paz.

La tragedia del mundo de las pequeñas productoras independientes ante un mercado hostil a la experimentación se despliega a través del derrotero de Moon Films y de su director. Debido al inesperado suicidio de Grégoire, su esposa Sylvia (Chiara Caselli) decide intentar terminar las películas en rodaje y enfrentar las deudas de la empresa como homenaje a su marido.

El interés de la película decae con este cambio de rol de los personajes dando prioridad a la poco interesante vida de las hijas del productor fallecido y de su esposa. Las lágrimas y toda la parafernalia del luto de una familia hacen presente el lado humano de las consecuencias de las relaciones económicas.

La profundidad de algunas escenas y de la tragedia social es opacada por lo pretencioso de la propuesta, alargando, por ejemplo, escenas insulsas que deberían presentar a los personajes sin procurar producir catarsis ante un enfoque de la imagen en tanto imagen artística que se justifica por su belleza.

Ambos costados de la aventura de la producción independiente se dan lugar en una historia con altibajos que a medida que progresa va perdiendo interés y profundidad debido a la previsibilidad de todos los acontecimientos relativos a la esperada quiebra de Moon Films.

El equilibrio entre arte y negocio siempre es frágil y ante el aparato de Hollywood todo proyecto independiente es una quimera que a veces conduce a grandes aportes u obras geniales y otras al olvido y al fracaso.

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Contactos de cuarto tipo. La mentira esta ahí afuera

Realidad y ficción se cruzan constantemente en nuestras vidas produciendo hechos fácticos e imaginarios que condicionan nuestra percepción. Desde que nacemos somos condicionados a percibir el mundo de acuerdo a los patrones de comportamiento social. De esta forma se producen la mayoría de las patologías psicológicas que cualquier individuo afronta diariamente y es la base de este film.

Contactos de cuarto tipo (The fourth kind) es una película de Olatunde Osunsanmi supuestamente basada en los relatos de Abigail Emily Tyler, una psicóloga que perdió a su marido y cuya hija menor desapareció en Nome, Alaska, en el año 2000.

Al comienzo del film la actriz que interpreta a la doctora Abigail (Milla Jovovich en la ficción y Charlotte Milchard en el documental) alerta a los espectadores que lo que están a punto de experimentar es una mezcla de reconstrucción ficcional con material documental que la doctora habría grabado en sus sesiones de terapia. Durante toda la película ambos registros se superponen intentando edificar una prueba de la veracidad del relato ficcional.

La repetición de ciertos recuerdos perturbadores en sus pacientes se convierte en un patrón que Abigail Tyler cree que tiene relación con el confuso episodio en el cual su marido murió; según ella apuñalado por un intruso. La investigación de estos extraños recuerdos que involucran a un búho vigilante la lleva a hipnotizar a sus pacientes para descubrir lo que están reprimiendo.

La producción documental supera ampliamente a la ficcional en la credibilidad de las actuaciones durante toda la película generando la perdida de interés sobre el argumento. El material documental se adueña de la película por lo impactante de las imágenes, aún incluso (o tal vez por eso mismo) cuando están borrosas debido a la fragilidad de la construcción dramática ficcional.

La brecha entre la demencia y la búsqueda fanática de la verdad es traspasada en todo momento por la protagonista pero es presentada como una investigación sobre los orígenes históricos de la religión y de nuestros miedos. El estudio de la cultura sumeria se pierde en la falta de credibilidad de todo el guión y de la pobre argumentación sobre la teoría de la abducción extraterrestre. Por supuesto, toda la historia es ficcional y el supuesto material documental no es tal y la operación se diluye en un juego de marketing poco innovador del género ya que nada es real y el artificio es demasiado burdo.

Nuestros miedos siempre buscan una explicación a lo incomprensible. Tal vez algo se nos escapa de nuestras manos racionales y el esclarecimiento de muchos interrogantes no nos es accesible a nuestros sentidos. Nuestra mente parece ser la clave de este misterio pero solo directores como David Lynch pueden plasmar los arcanos que nos interpelan desde lo desconocido. La verdad está ahí afuera, en otros films. Un film no recomendable para seres pensantes del planeta tierra.

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